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El hospital desahuciado por la corrupción

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En 2018 se destinaron USD 70 millones para compra de medicinas en el hospital Teodoro Maldonado Carbo de Guayaquil. Se han denunciado evidentes sobreprecios. Tierra de Nadie reproduce integro el reportaje publicado originalmete por LaHistoria.ec, convencidos de que la información revelada otorga nuevos elementos de juicio e investigación de casos de corrupción de las redes que operan en los hospitales del país.

Redacción LA HISTORIA

Jacobo Bucaram Pulley habló sobre la corrupción en los contratos del Estado y señaló a los principales responsables de los sobreprecios, según él: “Pienso que la corrupción pública viene de arriba, porque en el momento que una institución pública contrata con un proveedor o con una compañía constructora, y ese contrato tiene sobreprecio, esos contratos con sobreprecios están avalados por la Contraloría General del Estado y otros organismos de control. Entonces, ¿cómo puede ser posible que una carretera que valga el metro cien dólares, que es lo que realmente cuesta, y digamos que termina en 150 dólares, eso está ok, para que esos 50 sean la utilidad para quien construye… pero no, aquí ese metro de carretera de 100 dólares termina costando 1000 dólares? Eso está regido por la ley, por el Estado. Entonces si viene el contratista y contrata a eso, no hay corrupción por parte del contratista. La corrupción está institucionalizada”.

Jacobo Bucaram habló del tema en el programa Castigo Divino, entrevistado por Luis Vivanco, en Guayaquil, el pasado mes de abril. El 25 de junio de este mismo año, la Comisión Anticorrupción dejó una denuncia ante el presidente del directorio del IESS, Paúl Granda, revelando una red de corrupción al interior del hospital Teodoro Maldonado Carbo de Guayaquil y presentaron casos concretos de sobreprecios en la compra de medicinas e insumos para esta casa de salud. Los sobrecostos alcanzaban hasta el 1088% en cierto contrato, pero también eran del 315% y del 98% en otros. Solo en cinco procesos de contratación que analizó la Comisión en el hospital del IESS Teodoro Maldonado Carbo, detectó una pérdida para el Estado de USD 3 millones por valores en exceso que se pagaron y no se debieron pagar. Pero estos ejemplos solo son una mínima parte de todo lo que contrata este hospital.

«Sigo sin tener claro de donde ganas plata, Jacobo», le dijo Luis Vivanco a Jacobo Bucaram Pulley en el programa Castigo Divino, de abril pasado.

Luis Vivanco le preguntó a Jacobo Bucaram: “Gente del sector de salud me ha confirmado que sí se les ha entregado y tú manejabas personalmente el hospital Teodoro Maldonado, con gente de tu entorno”. El hijo del ex presidente respondió sin inmutarse: “¿Qué yo manejaba el hospital Teodoro Maldonado? ¿Y cómo? No conozco el hospital, no he ido nunca, pero eso de ahí es parte del linchamiento mediático que a toda mi familia le han hecho”. Entonces Vivanco repregunta: “¿No tienes a nadie ahí cercano trabajando en el Teodoro Maldonado?” Jacobito -como es conocido- responde: “Cercano a mí, no. Estaba antes el doctor Luis Jairala, que era cercano a la familia, primo hermano de Jimmy Jairala, y tenía alguna relación de amistad con nosotros. Pero así como él, tengo diez mil amigos en instituciones públicas”. El gobierno no les ha entregado nada, agrega Vivanco. “Absolutamente nada”, concluye Bucaram.

En la denuncia presentada por la Comisión Anticorrupción aparece un dato adicional, al que no se refirió Jacobo Bucaram. Uno de los proveedores señalados por ser uno de los beneficiarios con contratos con sobreprecios es el joven José Luis Llerena Candela, de 24 años. “Se ha podido investigar que el proveedor es hermano de María Gabriela Llerena Candela, actual esposa de Jacobo Bucaram Pulley”, dice la Comisión.

¿Cómo el joven Llerena Candela pudo contratar por casi USD 800.000 con el hospital y su patrimonio pasó en menos de tres años de USD 13.000 a USD 226.000? ¿Qué contactos tuvo? Una respuesta la da Jorge Rodríguez, ex Coordinador de la Comisión Anticorrupción, con resignación y no poca rabia: “El gobierno sigue repartiendo prebendas a los políticos. Esta es la corrupción de nunca acabar”.

“La gente dice que comienza el gobierno de Lenin y Jacobo Bucaram cambia de carro, compra departamento en Salinas, que te entregaron en diciembre. ¿De dónde sale? Que coincidencia”, cuestiona Vivanco a Bucaram en Castigo Divino. “El carro no es nuevo y lo del departamento era de una deuda de una persona que mantenía con mi familia. Se le hizo un préstamo y el señor no tenía como pagar por lo que por vía judicial, él dio como dación de pago ese departamento”.

Más corrupción, más dinero

Los hospitales de Ecuador están enfermos de corrupción y algunos más graves que otros. Una de las medicinas necesarias para paliar este mal, siempre escasea en el país: la justicia, que cuando aparece eventualmente se reparte en contadas gotas que únicamente sirven para paliar el profundo dolor que provoca la impunidad. La enfermedad sigue viva, lastimando a diario toda la estructura, que viene a ser el cuerpo infectado del país.

“Lo que pasa en los hospitales fue la gota que derramó el vaso de mi paciencia”, confiesa Jorge Rodríguez, quien fue hasta hace tres meses el coordinador y vocero principal de la Comisión Anticorrupción. Pero Rodríguez dice que se cansó, que no es lo mismo que rendirse en su misión.

De todos los enfermos, hay un hospital que está en una condición especialmente crítica. A decir de los médicos, estaría desahuciado. La corrupción ha llegado a tales niveles que se desató una metástasis en todo su sistema. Se trata del hospital del IESS de Guayaquil Teodoro Maldonado Carbo, ubicado al sur de la ciudad. Lo que pasa en este hospital no pasa en ninguno en las mismas dimensiones. A nivel nacional ya está reconocido como el enfermo incurable, pero aún así no se toman medidas drásticas que pongan un parche para tapar el desangre imparable de recursos económicos.

Mas bien ha ocurrido todo lo contrario. Pese a estar identificado como el hospital en donde ocurren la mayor cantidad de irregularidades, al mismo tiempo es al que mayores recursos económicos se le dan para que los procesos y contrataciones salpicados de corrupción, continúen.

Ha ocurrido durante el gobierno de Lenin Moreno. En 2018, el IESS destinó USD 88, 12 millones para compra de medicinas en todos sus centros médicos del Guayas. De esa cantidad, USD 70 millones se gastaron en el hospital Teodoro Maldonado Carbo, es decir, el 80% de todo el presupuesto para medicinas de la provincia se ha gastado en este hospital. A escala nacional, el IESS destinó para medicinas USD 195 millones en todo el país. Lo que significa que en el Teodoro Maldonado se ha ido el 36% de todo el presupuesto para medicinas en el país, tomando en cuenta el presupuesto 2018. Por casualidad, es el mismo hospital en donde ocurren los mayores casos irregulares de contrataciones. Ha sido como alimentar a propósito el tumor de la corrupción.

Modus operandi

En el año 2018 estuvo al frente del Teodoro Maldonado Carbo en el cargo de gerente general Luis Jairala Zunino, médico neurocirujano que trabaja de planta en este hospital. Jairala Zunino ha sido un fervoroso seguidor de Alianza País y de la Revolución Ciudadana de Rafael Correa, que apoyó mediante sus redes sociales la campaña que llevó al poder al binomio Moreno-Glas. También es primo de Jimmy Jairala, el líder del partido Centro Democrático, quien decidió dar su apoyo político a Lenin Moreno en 2016 y desde entonces ha tenido presencia en el gobierno, por medio del militante de su partido Raúl Ledesma Huerta, ex ministro de Trabajo, ex Gobernador del Guayas y actual ministro de Ambiente. Jairala también mantiene una buena relación con Abdalá Bucaram, quien ha dicho públicamente que ha sido el mentor y formador de la carrera política que ha tenido el ex prefecto del Guayas.

Los últimos informes que han elaborado la Comisión Anticorrupción y la Contraloría General del Estado se enfocan en la gestión de Jairala Zunino, en donde los contratistas y proveedores de insumos médicos y medicinas salían a concursar -y ganaban- como sale una liebre de la chistera de un mago: de la nada. Lo de concursar podría resultar en un mero formalismo, pues en realidad los proveedores tenían certezas desde el momento mismo en que eran invitados. No hacía falta siquiera tener una empresa de respaldo, o un capital o un patrimonio con el que se pueda responder como garantía en caso de incumplimiento o resarcimiento al Estado. Nada de eso. Bastaba ser una persona natural, tener las ganas de intervenir y ofrecer al cliente -el hospital Teodoro Maldonado Carbo- todos los insumos requeridos a los precios más convenientes para el vendedor.

Ejemplos hay muchos. En tales concursos de precios del hospital se daban “pujas” hasta entre hermanos, como los Giler Carrera, que participaron por sendas compañías para ganar un millonario contrato. Gastón Andrés Giler Carrera ofertó por USD 1.244.538 por medio de la compañía Idimsa S.A. mientras que su hermana Andrea Leticia Giler Carrera, ex reina de Guayaquil en el año 2005, pujó por la compañía Vascutech S.A. con una oferta de USD 1.245.078. Ganó, por convenir a los intereses de la institución debido a que representaba un ahorro de USD 540 entre una oferta y la otra, la presentada por el joven Gastón Andrés.

Por proponer un ahorro incluso menor a los USD 540 anteriores, ganó el contrato el joven José Luis Llerena Candela, quien tuvo una apretada puja con la proveedora Blanca Teresa Tucunango Minchala, quien ofertó por USD 782.272, en tanto que Llerena redujo su utilidad y presentó los mismos insumos por USD 782.122, es decir, USD 150 menos que sirven como ahorro a la institución del Seguro Social. Al menos, en los papeles.

Llerena, cuñado de Jacobo Bucaram, en julio de 2018 vendió en su contrato materiales de curación de uso general, repartidos en USD 733.000 por 98.798 litros de alcohol potable de 70 grados, USD 14.000 en agua oxigenada y tintura de benjuí por USD 34.000. Las grandes cantidades de alcohol compradas -casi 100 mil litros- llaman la atención a quienes conocen este mercado y sobre todo el costo que se pagó por litro: USD7,42 cuando en cualquier farmacia se lo vende al público a no más de USD3,20. Se dice que para muestra basta un botón: en este caso el sobreprecio es superior al 100%. En el mismo contrato se vendió 2.724 frascos de 120 ML de agua oxigenada. Por cada uno se pagó USD 5,5 cuando en cualquier farmacia se encuentra por no más de un dólar. El sobreprecio es del 500%.

El joven contratista del hospital Teodoro Maldonado, José Llerena Candela, junto al político y ex presidente Abdalá Bucaram Ortiz.

El joven Llerena volvió a contratar este año 2019, pero en mayor cantidad: USD 2.075.000, en el mismo hospital Maldonado Carbo.

Concursos de este tipo abundan en el hospital Teodoro Maldonado, ubicado en la avenida 25 de julio, al sur de Guayaquil. Vicente Arévalo Cañarte perdió el contrato de USD 2.165.817 frente a la propuesta más económica presentada por Francisco Javier Alejandro Maruri. Como premio consuelo, ganó el contrato por USD 2.117.079, superando a la empresa Comdispomed, que propuso los mismos insumos por USD 900 más. En tanto que Francisco Javier Alejandro Maruri, ganador frente a Arévalo Cañarte, resultó ser el perdedor en la puja frente a Denisse Echeverría García, que se llevó el contrato por USD 2.142.108. Parece un círculo cerrado de oferentes amigos, que pierden un contrato, pero de inmediato ganan otro, igual de millonario.

La puja entre rivales oferentes son cuestiones de puro formalismo dentro del Teodoro Maldonado. Muchas veces representan los mismos intereses. En el reciente proceso SIE-HTMC-101-2019 para la contratación del servicio preventivo y correctivo, incluyendo repuestos de equipos de anestesia, por un monto de USD 1.327.246, llegaron a la final la empresa ProlandCorp, representada por Juan Barba Macías, en disputada puja con la empresa Cordovelsa S.A., cuyo presidente es por Carlos Vélez Flor. Resulta que al representante de ProlandCorp, Juan Barba, le fueron entregadas acciones por parte de Carlos Vélez Flor y el mismo Barba es comisario de la empresa Cordovelsa, con la que competía por este contrato. Los intereses comunes están a la vista y los intereses del hospital por tener un concurso real quedan a un lado.

Otro caso que llamó la atención a la Comisión Anticorrupción es el del joven de 25 años Roswin Fernando Angulo Jeremías, a quien se detectó dos convenios de pagos por USD 2,5 millones. Angulo, a pesar de su juventud, ya es conocido como proveedor del Estado, pues desde el 2014 ha tenido 14 contratos. Y ser contratista parece un asunto de familia, pues su hermano Rainer Roberto Angulo Jeremías por medio de su empresa Jeremías Corp. ofertó en el hospital de Manta y ganó contratos en el hospital de Los Ceibos de Guayaquil. Mientras que la contratista Rosa Cecibel García Lucas suscribió un convenio de pago por USD 1.664.122 con el hospital Teodoro Maldonado Carbo, aunque antes de 2017 su pago de impuesto a la renta era de USD 0 y su patrimonio al 2018 también era USD 0. “El familiar es solo uno, pero varios de los demás proveedores también dependen de la familia Bucaram. Y algunos de ellos ya están contratando en otras ciudades, como en Santo Domingo y Manta”, sostiene el ex coordinador de la Comisión Anticorrupción, Jorge Rodríguez. “A la larga, este tipo de repartos políticos se deciden desde la Presidencia y les entregaron así, sin ningún recato”.

El modus operandi que se adoptó durante la gerencia de Luis Jairala Zunino fue la figura excepcional de “convenio de pago”, que ni siquiera era un contrato formal. Todo esto sin justificar siquiera las razones por las que se pasó por alto los procedimientos precontractuales de normal curso, lo que fue señalado en el informe emitido por el Director del Seguro General de Salud Individual y Familiar del IESS, Daniel Rodríguez Villalba, para quien el Gerente Jairala autorizó convenios de pago al margen de las disposiciones emitidas desde la Dirección Nacional del Seguro Social, sin cumplir los requisitos legales existentes.

El resultado fue, según la Comisión Anticorrupción, que “la inusitada falta de inventarios de urgencia médica, sirvió para direccionar a proveedores, que son personas naturales con RUC pero que no han pagado impuestos, con ínfimos niveles patrimoniales, eludir los procesos de contratación conforme a la ley, pues no existen concursos o se realizan subastas en donde la Comisión Técnica del Hospital se encarga de descalificar a oferentes a quienes no está direccionada la compra”.

¿De dónde salen estos proveedores? De cualquier lado, pero son recomendados de los políticos, lo dice sin dudar Jorge Rodríguez. Por eso es que tienen ciertos antecedentes que no acreditan su experiencia en el sector de la salud, que es uno de los requisitos normales para poder intervenir. Algunos, como la representante de la compañía proveedora Arthromed, Alexandra Machado Gallardo, tiene en su RUC antecedentes de su antiguo negocio “Las hamburguesas de La Gasca”, devenida ahora en vendedora de medicinas para hospitales, una responsabilidad más delicada que vender comida chatarra.

Hay casos de hermanos que participan por distintas empresas y compiten entre sí. Y también los hay de personas cuya búsqueda de antecedentes societarios, mercantiles, empresariales, profesionales o de cualquier otra índole, se vuelve una misión casi imposible. Como si se tratara de fantasmas que aparecieron como un espectro al momento de firmar el contrato. Y luego, desaparecieron. Sin que nadie dé razón sobre ellos y mucho menos de las maneras cómo pudieron ganar millonarios contratos.

Más plata no es igual a mejor atención

Esa asignación millonaria de recursos no se ve reflejada en la atención a los pacientes, en asuntos tan sencillos como la entrega de hierro para la afiliada Silvana Ponguillo o en casos más complejos como el cáncer de pulmón que padece el esposo de la guayaquileña Rosa, quien se ve obligada a comprar permanentemente ácido fólico para la recuperación de su pareja. El paciente Gonzalo Velasco tuvo menos suerte, pues al ser operado de un tumor en los ganglios usaron un tubo endotraqueal que había caducado hace ocho meses, que fue utilizado sin ningún reparo por los médicos que lo intervinieron. Novedades de este tipo no son aisladas. El catálogo del hospital incluye 270 tipos de medicamentos, pero el promedio de abastecimiento, en general, indica que no están a disposición 200 de estos, algo que las autoridades se niegan a aceptar pese a que los propios médicos y enfermeras del hospital lo reconocen sin dar la cara, para no tener represalias en su contra.

Es que las represalias pueden venir de diferente forma. Han ocurrido, con amenazas a la vida incluidas. El pasado mes de junio el médico Álex Vivas fue interceptado en su vehículo por sujetos que lo apuntaron con un arma, hecho ocurrido justo después que el profesional hizo denuncias sobre algunas de las irregularidades que ocurren dentro del Teodoro Maldonado, hospital en el que trabaja. Vivas fue inmediatamente apoyado por la Comisión Anticorrupción, con la que presentaron la denuncia respectiva en la Fiscalía de Guayas.

Sobre el origen y responsables de las amenazas no ha existido mayor información. Como tampoco se han dado a conocer novedades sobre las irregularidades y sobreprecios en la compra de medicinas e insumos en el Teodoro Maldonado, que ya se denunció en la Fiscalía, en donde las investigaciones avanzan a paso lento – ya existen alrededor de 25 involucrados por el delito de peculado-, pero las compras no se detienen.

Este año ya se han firmado contratos por más de USD 20 millones en insumos y aparecen de nuevo nombres de los mismos contratistas que estuvieron el año pasado. “Movieron algunas fichas internas en el hospital, sacaron a unos tres o cuatro, pero los reemplazaron por otras personas también sugeridas por los mismos políticos. Todo quedó igualito”. Y de todo esto tiene conocimiento el presidente del directorio del IESS, Paúl Granda, quien “sabe todo” a decir de Rodríguez, pero no ha hecho ningún pronunciamiento al respecto. “Se hacen los pendejos y no me haga decir nada más”.

Mientras tanto, los dramas humanos que se viven entre los pacientes del Teodoro Maldonado Carbo no encuentran un espacio para el respiro. Muchos de estos dramas, se agravan porque faltan recursos, falta dinero para remediar falencias que podrían curar enfermedades. Entonces solo queda la queja, el lamento público expresado por familiares de los pacientes, como una salida desesperada que busca encontrar oídos en alguna parte.

Así lo hizo la joven actriz guayaquileña Alina Guerra quien grabó un desgarrador mensaje y lo divulgó en las redes sociales para dejar en claro que no se quedará cruzada de brazos viendo morir a su madre, que padece cáncer y está internada en el Teodoro Maldonado, el mismo hospital en donde sí existen recursos, se hacen millonarias compras y se detectan escandalosos sobreprecios.

Alina solo quiere que su madre se salve: “No tengo el dinero para comprar las medicinas que necesita mi madre, porque son muy caras y aquí en el Teodoro Maldonado no hay ninguna clase de medicina, ninguna, para que mi mamá pueda hacer el tratamiento. Entonces, ¿qué opción me da este hospital? No puedo esperar. ¿O tengo que esperar que mi mamá se muera porque este lugar no tiene la medicina?”.

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