El conflicto comercial con Colombia desatado por el presidente ecuatoriano Daniel Noboa desde Davos parece ser la punta de lanza de una campaña de ese gobierno contra el de Gustavo Petro. ¿Qué hay detrás de esa sorpresiva decisión, que rima muy bien con el interés de Noboa por ganar el favor del presidente de Estados Unidos?

LEONARDO GÓMEZ PONCE. CONNECTAS
Daniel Noboa caminaba por los pasillos del Centro de Congresos de Davos con la seguridad de quien se sabe respaldado por una potencia. El 21 de enero de 2026, desde el Foro Económico Mundial, en esa localidad suiza, el mandatario ecuatoriano lanzó una ofensiva que transformó la vecindad con Colombia en un campo de batalla comercial. Al imponer un arancel del 30% a las importaciones colombianas bajo el rótulo de “tasa de seguridad”, Noboa no solo rompió décadas de acuerdos en la Comunidad Andina de Naciones (CAN), sino que oficializó una ruptura ideológica y estratégica con su colega Gustavo Petro.
Quito justifica la decisión en forma directa: Colombia no controla su frontera y Ecuador paga la factura de un narcotráfico que fluye sin tregua. Sin embargo, llama la atención que nunca en la historia de las relaciones de los dos países, uno de ellos había recurrido a las sanciones comerciales para castigar al otro. Ni siquiera cuando tropas colombianas violaron el territorio ecuatoriano al atacar y dar de baja al jefe guerrillero Raúl Reyes en 2008. Tras las protestas y las explicaciones correspondientes, los gobiernos no tardaron mucho en regularizar sus relaciones.
Resulta por lo menos curioso que Noboa haya resuelto desencadenar esta situación justo en Davos, bajo los reflectores del mundo, sin que se hubiera presentado una situación puntual que lo justificara. De hecho, el narcotráfico ha estado presente por años a ambos lados de la frontera, y las autoridades de ambos países han colaborado contra él.
Pero esta vez en la ecuación hay un nuevo factor: Donald Trump. Noboa, cuyo interés por obtener el favor del presidente de Estados Unidos ha sido muy comentado, decidió seguir al pie de la letra los procedimientos del magnate. En particular, tras el rechazo ciudadano en el referéndum de noviembre de 2025 para reinstalar bases militares extranjeras, se vio forzado a buscar vías alternativas para impulsar y financiar su guerra interna.
La medida fue “trumpiana”: usar el comercio como garrote. Esta táctica no es casual; el estrecho vínculo de Noboa con Trump, cultivado desde Mar-a-Lago incluso antes de la investidura del magnate en Washington, ha convertido a Ecuador en uno de los enclaves principales de los intereses estadounidenses en Sudamérica, justo cuando la Casa Blanca, con la nueva “Doctrina Donroe”, busca restablecer el dominio absoluto de Estados Unidos sobre el hemisferio.
Bogotá respondió con un espejo de hostilidad. Al contrario de Noboa, el presidente colombiano ha jugado con la rebeldía contra Trump como instrumento electoral y se ha convertido en el objeto de sus amenazas. Y tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero, la tensión llegó al punto de quiebre cuando Petro la calificó de secuestro. Incluso Trump le advirtió que el próximo podría ser él. Por eso, no es de extrañar que el presidente colombiano haya respondido a Noboa con reciprocidad arancelaria y el corte total del suministro eléctrico, una yugular que proveía entre el 7% y 12% de la demanda ecuatoriana.

En medio de todo esto, muchos se preguntan en Ecuador qué queda de la soberanía cuando se juega a ser el alfil de una potencia. “Es poco probable que la guerra comercial de Noboa con Colombia ayude a ninguno de los dos países a combatir el crecimiento de los grupos armados ilegales a lo largo de la frontera y puede, en cambio, perjudicar a las comunidades”, afirma Glaeldys González Calanche, experta de International Crisis Group. Para la analista, de esta situación solo se benefician las organizaciones criminales dedicadas al contrabando, que ahora encuentran en el arancel del 30% un incentivo dorado para fortalecer sus rutas ilegales.
El costo real y un rehén petrolero
El Puente Internacional de Rumichaca, el principal paso fronterizo colombo-ecuatoriano, antes símbolo de un flujo comercial de 2.200 millones de dólares (en 2025), es hoy el monumento a un “pierde-pierde”. Mientras los transportistas describen un cuello de botella logístico, las cifras del colapso empiezan a emerger con crudeza. Ecuador, al intentar recaudar fondos para seguridad, ha terminado por autoinfligirse una herida fiscal: sustituir la energía colombiana por generación térmica local le cuesta al país cerca de 2 millones de dólares al día. Es un sobrecosto acumulado que podría alcanzar los 60 millones de dólares al mes, lo que dejaría al sistema eléctrico nacional sin reservas.
Ecuador respondió ante la medida colombiana con otra igual de ruinosa: elevar la tarifa de transporte de crudo colombiano por el oleoducto transecuatoriano de 3 a 30 dólares por barril —un aumento del 900%—, con lo cual tomó como “rehén logístico” al petróleo del sur de Colombia. Para la petrolera estatal colombiana Ecopetrol, este costo es “irracional” y le supone un drenaje de 10 millones de dólares mensuales, mientras la obliga a buscar rutas alternas por el peligroso Oleoducto Trasandino, blanco frecuente de atentados guerrilleros.
Este escenario es el resultado de una “tormenta perfecta”: un Ecuador que busca desesperadamente financiamiento y seguridad bajo el ala de la Casa Blanca, y una Colombia que se atrinchera en su retórica soberanista frente a lo que percibe como un asedio diplomático. Noboa, por su parte, ha adoptado el “realismo ofensivo” de la era Trump, donde la coerción suplanta al diálogo. Mientras tanto, a las puertas de su reunión en la Casa Blanca, prevista para el 3 de febrero, Petro ha llamado al diálogo del vecino presidente sin que éste, muy al estilo del magnate, se haya dignado responderle.
“Noboa no está jugando al ajedrez con Petro; está jugando al póker con las cartas de Trump. El objetivo no es equilibrar el comercio, sino demostrar que el modelo de Petro es un lastre para la prosperidad ecuatoriana”, señala un diplomático de ese país bajo condición de anonimato.
¿Peón o estratega? El trasfondo ideológico y la guerra invisible
¿Es Noboa un actor autónomo o el peón avanzado de un tablero mayor? El trasfondo ideológico sugiere lo segundo. Al alinearse con la retórica de la “seguridad total” y el libre mercado sin matices, Noboa busca posicionarse como el aliado clave del trumpismo y, por esa vía, convertir a Ecuador en el puerto seguro de las inversiones extranjeras en la región.
Sin embargo, jugar al “aislacionismo selectivo” en una región tan interconectada como la nuestra es una apuesta de alto riesgo. Como sucede con los partidos políticos que se lavan las manos ante la corrupción de sus cuadros, el Gobierno ecuatoriano parece ignorar que las crisis en la frontera no se detienen con aranceles ni con mensajes en redes sociales.
Detrás de los decretos comerciales, se mueve una maquinaria más sutil y peligrosa. Influencers y portales digitales alineados con Noboa y su gabinete han orquestado una estrategia agresiva para desprestigiar a Gustavo Petro en Ecuador. A través de redes de amplificación coordinadas, inyectan narrativas que atribuyen al Gobierno de Colombia parte de la responsabilidad por la inseguridad local. Esta campaña se apoya en medios de comunicación que, lejos de la objetividad, sirven de caja de resonancia para los ataques personales del mandatario.
En la nueva operación de espejo, Noboa pinta a Petro como el caos, mientras se erige ante la región como el orden. Esta táctica de “exportación de desprestigio” parece ser el peaje que Quito paga para consolidarse como el comodín de Trump en una Sudamérica que se debate entre volver al redil de Washington y abrazarse a otras potencias. En esta “Guerra Fría” regional, el peligro no es solo la ruptura diplomática, sino el costo social de quebrar una integración fundamental para las economías de los dos países. No se trata solo de las poblaciones más vulnerables de ambos lados de la frontera, sino de amplios sectores de la industria y el comercio que se verán gravemente afectados. Una nueva demostración de que cuando la ideología irrumpe por la puerta, la sensatez sale por la ventana.

Este artículo fue publicado por primera vez el 29 de enero de 2026 en la Plataforma Periodística para las Américas CONNECTAS. Se difunde en el marco de una alianza entre la Unidad de Investigación Tierra de Nadie y CONNECTAS.